Crisis de niños migrantes no cesa en México

Salió de Tegucigalpa, Honduras, cuando tenía 12 años. Iba solo. “Venía huyendo de la pobreza, de la violencia, de los Mara [Salvatrucha]”, dice Antony Josué Manzanares.

Relata que caminó hacia Corinto, en El Salvador, de ahí cruzó a Guatemala. Luego llegó a Chiapas, donde estuvo un tiempo en San Marcos. Se subió a La Bestia, el tren que lo llevó hasta Nuevo Laredo, Tamaulipas.

“Cuando me subí a La Bestia, ahí sí que empecé a tener miedo, porque había escuchado de los tales Zetas. El tren iba muy rápido, me ayudó un coyote. Él me iba haciendo el paro, no me cobró nada, sólo lo ayudé con las maletas; luego vinieron unos hombres que me iban a agarrar, según para quitarme los órganos, pero corrimos hasta atrás del tren. El muchacho me defendió y de ahí nos llevaron hasta Lechería, y llegamos a una casa donde nos bañamos (-). Corres muchos peligros cuando vienes de allá, y luego me caía la noche y me quedaba dormido.

“Yo iba arriba de un vagón, sentía que me ahogaba en los túneles, porque eran muy largos, y entre el humo del tren y la oscuridad sentía que me asfixiaba porque el tren tardaba en salir del túnel; así duré como un mes viajando. Sabía que en La Bestia moría mucha gente, pero a mí me gusta lo extremo, y dije: ‘Voy a intentarlo, no todos corremos con la misma suerte’.

“Quería salir de Honduras, hay mucha pobreza, mucha delincuencia, quería cambiar de vida. Mi idea era cruzar a EU, pero nunca imaginé que en Nuevo Laredo me iba a juntar con una chava y que ella iba a tener a mi hija. En Tamaulipas tenía una vida tranquila”, continúa Antony, quien fue padre por primera vez a los 15 años, edad en la que también fue deportado por primera vez.

“Antes de tener a esa niña tuve muchos problemas. Yo tenía otra pareja, pero perdió un bebé y se separó de mí; luego me deportaron.

“Estaba en mi casa un día tranquilo y llegó Migración, los soldados, la Marina, las Fuerzas Armadas de México, y me golpearon, creían que era coyote, y era mentira, tenía mi trabajo en una frutería; duré un año para que mis lesiones sanaran. Ellos me agredieron y estuve un año en el tutelar de menores, con las costillas quebradas.

Cuenta que después una mujer que lo quería como a un hijo, le comentó que le arreglaría sus papeles, “pero me dijeron que mi hija estaba mala, que tenía un defecto en el corazón, y me agarraron aquí en Tonalá, Chiapas”.

Esa fue la segunda vez en ser deportado; luego vendría una tercera. “Se siente bien feo, he pasado muchos peligros. Y luego, ¿quién te regresa el dinero que te gastas? México no te regresa el dinero que te gastas”, se queja Antony.

“Salí de Honduras con 5 mil pesos, cuando pasé por Guatemala y todo Chiapas gasté 3 mil, y me iba quedando sin feria, pero después empezaba a ganar más dinero en el autobús (-) hasta que llegué bien a Nuevo Laredo. Ahí tengo casa, un coche, y me gustaría mandarle dinero a mi familia, hacer un negocio, poner una tienda”.

Resalta que ha sufrido mucho y se queja cuando lo detienen las autoridades en México, “porque ellos no te pagan el dinero que tú gastas, ni los peligros que enfrentas”.

Antony recuerda que fue al colegio en Honduras, pero no le alcanzaba el dinero para pagar sus estudios. “Mi carrera favorita es técnico en computación. Si tuviera una oportunidad, eso me gustaría hacer, pero gracias a Dios tengo una niña”, concluye con 17 años de edad.

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Radiografía. Cada año, miles de niños y niñas migran sin compañía de un adulto a través de México, desde Honduras, Guatemala, El Salvador y diversas comunidades de territorio mexicano.

Entre 2013 y 2015 hubo un aumento de 270% en el número de niñas, niños y adolescentes migrantes extranjeros presentados ante las autoridades mexicanas del área correspondiente. En 2013 fueron 9 mil 600, mientras que en 2015 la cifra se elevó a 35 mil 704.

Datos de la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación (Segob) indican que 30 mil 864 niños de Honduras, Guatemala y El Salvador fueron presentados ante autoridades mexicanas entre enero y octubre de 2016. Casi la mitad de ellos (14 mil 428) viajaban sin la compañía de un adulto, es decir, 46.7% de ellos.

En 2015, 97% de los niños, niñas y adolescentes venían igualmente de Honduras, Guatemala y El Salvador. Un poco más de la mitad (52.2%); es decir, 18 mil 650, iban sin la compañía de un familiar o adulto responsable de ellos; 87% de quienes viajaban solos eran adolescentes de entre 12 y 17 años, como el caso de Antony Josué Manzanares.

En 2015, 78.4% del total de niñas, niños y adolescentes extranjeros presentados ante la autoridad migratoria mexicana fue retornado a su país de origen; en 2014 la cifra creció a 78.6%.

Dorta Giusti, jefe de Protección UNICEF, México, dice que “en el caso de los niños centroamericanos, tenemos evidencia que más de 50% huyen de situaciones de violencia como pandillas y crimen organizado que se encuentra en los países del Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador).

“Con la aprobación de la Ley General de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes se abren oportunidades para que los menores de edad sean protegidos durante todo el circuito migratorio, a través de mecanismos institucionales especializados como la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes, que evalúa cuál es la mejor solución de protección para los niños , entre otras, una atención integral en los albergues, que les permita salir, ir a la escuela y tener una vida en comunidad”, asegura UNICEF.

“Se desarrollan planes de restitución de derechos para que, ya sea en su estancia en México, o si es necesario que vuelvan a sus lugares de origen, tengan garantizados sus derechos en todo momento a través de planes de restitución de derechos. Antes que migrantes son niños que como tal tienen derecho a ser protegidos”, comenta Karla Gallo, oficial nacional de Protección UNICEF, México.

El Estado mexicano —a través de reformas constitucionales— reconoce que los niños y niñas son titulares del derecho a la satisfacción de sus necesidades de alimentación, salud, educación y sano esparcimiento para su desarrollo; que sus tutores y custodios tienen el deber de preservar estos derechos.

Reconoce que el Estado mexicano es responsable de proveer lo necesario para propiciar el respeto a la dignidad de la niñez y el ejercicio pleno de sus derechos, y otorgar facilidades a los particulares para que coadyuven a su cumplimiento.

Esta reforma dio lugar a la emisión de la Ley para la Protección de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, cuyo objetivo es garantizar a los menores de edad la tutela y el respeto de los derechos reconocidos en la Constitución, así como establecer los principios básicos conforme a los cuales el orden jurídico mexicano habrá de garantizar su respeto.

Posteriormente entraron en vigor las leyes homólogas en los estados de la República. Hasta ahora, de las 32 entidades federativas, 27 cuentan con leyes locales de protección de derechos de la infancia y la adolescencia.


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