Centralismo a extremo Por Juan Carlos Loera

Por Juan Carlos Loera de la Rosa-.La puesta en escena de la Golondrina y el Príncipe, a un costo exorbitado que priva al resto de los chihuahuenses de los espectáculos que comprendía la realización del Festival Internacional Chihuahua, es una muestra extrema de insensibilidad que no repara en la naturaleza y propósito de toda expresión cultural y artística, pagada por los gobiernos.

Por definición en un país como México, donde gran parte de las ofertas culturales están absolutamente privatizadas, y donde por esa razón, para la inmensa mayoría de las familias, los costos de acceso son impagables, uno esperaría que el estado tuviera una intervención compensadora y la sensibilidad de utilizar los escasos recursos disponibles para democratizar todas y cada una de sus propuestas culturales.

Pero lamentablemente no ha sido así, pareciera que los asesores del gobierno estatal desconocen que en este país el bien más escaso y centralizado ha sido el disfrute de todo lo relacionado con los bienes y servicios artísticos y culturales.

Una revisión rápida de nuestros peores defectos como nación nos revelaría inmediatamente que las ahora llamadas industrias culturales son las más brocratizadas y centralizadas, mucho más allá de lo que caracteriza la inaceptable centralización del capital, de los bunkers y war rooms financieros, de las matrices de las grandes firmas nacionales e internacionales, de las oficinas centrales de la administración pública, de los centros de mando del ejército y aún de las propias iglesias.

La razones de esta concentración excesiva de las ofertas culturales fue consecuencia directa de la dinámica de embudo que por siglos había caracterizado a nuestra vida material y politica, pues el único territorio donde había capacidad adquisitiva y suficientes públicos pudientes, siempre fue la capital del país.

Esta deformación de nuestra sociedad era tan manifiesta que desde fines de los ochenta, en el peor momento de la crisis económica de aquella "década perdida", emergieron propuestas de difusión cultural que tomaron en cuenta a las fronteras de México; aunque este guiño de inclusión regional fue insuficiente, nadie podrá negar que nos dejó dos frutos que en las últimas décadas fueron fundamentales para explicar la animación cultural que se ha vivido en Ciudad Juárez en las últimas décadas.

El primero dio lugar a la emergencia de una talentosa generación de escritores, actores, poetas y dramaturgos, que ya han atraído las miradas hacia las expresiones y eventos que con creciente frecuencia se celebran en aquella ciudad.
Tan importante ha sido la empecinada presencia de estos creadores que la UACJ, alma mater de ese rincón de la patria, estructuró y desarrolló con gran éxito sus programas de difusión cultural y parte de sus ofertas académicas en el campo de las humanidades y la literatura con el apoyo generoso de muchos de estos creadores con quienes hoy seguimos en deuda.

El otro fruto, hoy casi perdido, no es otro que el propio FICH, que por más de una década, con una programación diversa en alcance y calidad, siguiendo el ejemplo exitoso, del Cervantino, de múltiples festivales encomiables en casi todo nuestro inmenso territorio provinciano, nos permitió creer en la sabia sentencia de que no solo de pan vive el hombre.

Pero hoy, de pronto hemos despertado para, con asombro, enterarnos que después de dos años y medio de encierro, un gobierno indolente e incompresivo ha utilizado todos los recursos disponibles para consumirlos en un sólo evento, que habrá de celebrarse en un sólo punto del gran territorio chihuahuense, ciertamente alejado de la mirada de los cientos de miles de chihuahuenses que no residimos en el centro del estado.

Ante esta decisión tan caprichosa sólo quedan preguntas.
¿Los organizadores desconocen que las políticas culturales, son construcciones de décadas, acaso de siglos, que no pueden abandonarse ni detenerse?
¿ También ignoran el papel que con dificultades y tropiezos estaba realizando el FICH?
¿Tendremos cinco años más de olvido e indiferencia ante la sed de disfrute artistico que manifiestan los grandes públicos de la hoy ya sin duda provincia chihuahuense?

Por mi parte, creo que merecemos un golpe de timón que garantice el derecho al disfrute de la cultura a todas las personas que con tanto orgullo habitan en esta tierra.

vict